Ninguno no fortalece a la democracia dominicana eso sólo se logra a través de una u otro

Escrito por Rissig Licha 07 Feb 2010 | Sobre: Blogs

SANTO DOMINGO—En país tras país y éste no es la excepción avanza como cadillo de monte la bancarrota del sistema político partidista y, con ello, la transfiguración de la base democrática y pluralista de su ordenamiento social a uno de corte más autocrático, arbitrario y restrictivo que resulta escalofriantemente evocativo de la distopía que Orwell describe en su obra 1984.

Este ultraje a la democracia y al pluralismo se acomete ante los impávidos ojos de una población que, en su gran mayoría, está atomizada y prefiere hacerse a un lado o mirar al costado mientras se perpetra la sistemática erosión de la institucionalidad y el persistente menoscabo de libertades y derechos individuales. Mientras tanto, algunos dominicanos ilusamente piensan que la solución a este grave problema está en simplemente protestar, sin ofrecer soluciones, a través de una organización de no muy claras intenciones ni origen que se autodenomina La Revuelta.

Este movimiento que aparenta haber tomado como modelo el “ninguneo”—el menosprecio del otro con la intención de descalificarlo— que develara por vez primera el Nobel mexicano Octavio Paz en su obra El Laberinto de la Soledad es definido por Fernando Gil, uno de sus miembros, como proponente de una propuesta para que la Junta Central Electoral “creara una casilla que dijera ninguno para los casos de ciudadanos y ciudadanas que no se sintieran representados por ninguno de los candidatos puedan ejercer su derecho y su deber al voto. Y que estos votos se cuenten y no caer en la abstención o en la nulidad”.

No dudo que algunos de sus exponentes piensen, de buena fe, que con ello están dando un paso en dirección a la reforma del sistema. Desgraciadamente, creo que esa óptica resulta algo naif, pues “ninguno” nunca se pondrá la banda presidencial. Votar por ninguno es igual a abstenerse o anular el voto. Lo único que varía es la forma de contabilización que, después de todo, nunca será exacta y precisa en cuanto a la cuantía de abstencionistas. “Ninguno” tampoco podrá ser la voz, ni mucho menos, la representación de ese elector que hoy se siente defraudado y sin identificación con ninguno de los políticos dominicanos.

¿Qué aporta a la democracia que al otro día del certamen eleccionario conozcamos que “ninguno” le gano a todos los demás? Si “ninguno” es el que representa a la mayoría del electorado los demás aspirantes de facto quedan descalificados y el régimen resultantes ineludiblemente confrontará serios escollos en la gobernanza de la sociedad. Por ello, vale la pena que nos preguntemos ¿si más que un movimiento naif éste es en verdad una disimulación más de aquéllos que están empeñados en destruir el sistema multipartidista y con ello institucionalizar un partido único? ¿Por qué pensar así?

Primero, porque una abstención mejor contabilizada lo único que hace es desmoralizar más aún a aquéllos que están asqueados con el sistema instándolos a no participar y así garantizando la elección de gobiernos representativos de minorías que amamantan el clientelismo partidario y el asistencialismo oficialista posibilitado por el poder. Es decir, con ello la determinación del resultado electoral queda en manos de menos ciudadanos.

Segundo, porque al incrementar la hegemonía de poder de aquéllos en el poder se debilita la capacidad de convocatoria y la posibilidad de representar un cambio de parte de los otros partidos que residen en el recinto de la oposición al poder, creándose de facto un sistema en que la única competencia y oposición radica solamente dentro del oficialismo que, por consiguiente, cada día monopoliza más todas las opciones electorales ya sea por la vía directa o a través de alianzas electorales, así sofocando la alternancia de poder.

Tercero, porque sirve para dar la sensación a aquéllos con buenas intenciones militan en el esfuerzo de que, en verdad, están trabajando por un verdadero cambio cuando en realidad la distorsionada insurgencia que surge actúa como agente catalizador al servicio de las fuerzas empeñadas en el secuestro de los valores democráticos para transfigurarlos en autocráticos al disfrazarles por el manto linajudo de una falsa institucionalidad que ya no existe pero que sirve para confundir a la gran masa popular. De esa forma, se eliminan las esperanzas y los sueños de aquéllos que todavía aspiran a una mejor nación, así cercenándoles el ánimo a seguir en la lucha.

Por consiguiente, el “ninguneo” que plantea La Revuelta no beneficia en nada a una sociedad que requiere la urgente restauración de contrapesos y balances que fortalezcan la institucionalidad, promuevan la participación ciudadana, garanticen libertades y derechos y abonen a que a futuro el país pueda enriquecerse a través de diversas opiniones y opciones enraizadas en el pleno disfrute y empleo de aquello que posibilita el pluralismo popular y la alternancia en el poder.

En vez de “ninguno” lo que deben de dedicarse a hacer aquéllos que de buena fe quieren un cambio y que hoy suman más del cuarenta por ciento del electorado dominicano que está desafecto con el status quo político es buscar “una” u “otro” que les represente y pueda encabezar un esfuerzo electoral para sacar a los mercaderes de la política del templo de la democracia dominicana. Eso sólo se logra a través de la efectiva movilización a votar por “una” u “otro” que presente una alternativa diferente a “todos” los que hoy no satisfacen a “ninguno”. Por ello, no puedo estar de acuerdo con La Revuelta ni con su gilipollada propuesta que, en el mejor de los casos, no resolverá ninguno de los problemas políticos del país y, en el peor de los casos, solo servirá para acelerar el proyecto de algunos por consolidar un poder hegemónico y arbitrario que a través de la propaganda se proyecta como utópico cuando en realidad es distópico como ninguno.

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